
Uno de los mayores conjuntos de telescopios solares de Europa.
El Observatorio del Teide ocupa una meseta a 2.390 metros en el flanco norte del volcán homónimo, en el interior del parque nacional. La particularidad del emplazamiento no es tanto la altitud —modesta comparada con Mauna Kea o Chajnantor— sino la estabilidad del aire sobre el mar de nubes que cubre la isla durante buena parte del año, especialmente atractiva para observaciones solares donde importa más el seeing diurno que la oscuridad nocturna.
Aquí conviven telescopios solares de referencia mundial —GREGOR, VTT, THEMIS, SST— con instrumentos nocturnos como el IAC-80 y la Optical Ground Station de la ESA, que además de observaciones astronómicas se usa para calibrar comunicaciones láser con satélites.
Junto al Roque de los Muchachos en La Palma, el Teide forma parte del Instituto de Astrofísica de Canarias, la agencia astronómica pública española. Los dos observatorios se protegen bajo la misma Ley del Cielo, una de las regulaciones de contaminación lumínica más estrictas del planeta.
Las primeras pruebas de calidad del cielo canario las hizo Charles Piazzi Smyth en 1856, subiendo instrumentos a lomos de mula.
La torre solar VTT alemana usa una columna de aire al vacío para eliminar las turbulencias internas del instrumento.
El observatorio comparte régimen legal con el Roque de los Muchachos bajo la Ley del Cielo de 1988.
Es visitable durante el día, con recorridos guiados por las torres solares e instrumentos históricos.