Un instrumento diseñado para ocultar el disco del Sol y estudiar la corona a plena luz del día.
Observar la corona solar es normalmente imposible fuera de los eclipses totales: la corona brilla un millón de veces menos que la fotosfera y queda completamente oculta por su fulgor. Un coronógrafo resuelve el problema colocando un disco opaco dentro del propio instrumento que bloquea la luz del disco solar, dejando visible únicamente la delgada atmósfera exterior.
El coronógrafo del Teide, con 40 centímetros de apertura, opera cada día despejado para monitorizar la actividad coronal —eyecciones de masa, protuberancias, corrientes— en la línea verde de Fe XIV que caracteriza el plasma a millón y medio de grados. Sus datos alimentan modelos de meteorología espacial: la corona es el origen de las tormentas solares que afectan a los satélites y las redes eléctricas terrestres.