
Trece instalaciones científicas en la cumbre de un volcán sagrado.
La cumbre de Mauna Kea está por encima del 40 % de la atmósfera terrestre y, durante buena parte del año, por encima de la capa de inversión que atrapa la humedad del Pacífico. Esa combinación la convirtió en el mejor emplazamiento del hemisferio norte para la astronomía infrarroja y submilimétrica.
Trece instalaciones ópticas y de radio comparten el estrecho techo de 400 metros de la cumbre: Keck I y II, Subaru, Gemini North, el Canada-France-Hawaii Telescope, el UKIRT infrarrojo británico, el submilimétrico JCMT y el CSO, el interferómetro de la SMA, y tres antenas del VLBA. Ninguna otra montaña reúne semejante densidad instrumental.
La montaña es también uno de los lugares más sagrados de la cultura hawaiana. El desarrollo del observatorio ha sido objeto de un largo conflicto entre la comunidad nativa, la Universidad de Hawái y los consorcios científicos, especialmente a raíz del proyecto del Thirty Meter Telescope. En 2022 el Estado de Hawái aprobó una ley que traspasa la gestión de la cumbre a una autoridad conjunta con representación indígena, con la retirada progresiva de varios telescopios antiguos ya prevista.
Medida desde su base submarina, Mauna Kea supera los 10.000 metros de altura, más que el Everest.
La cumbre recibe nieve varias veces al año pese a estar en el trópico.
El aire seco y la falta de oxígeno de la cumbre obligan al personal a subir por etapas y descansar en un albergue intermedio a 2.800 m.
Los espejos de Keck I y Keck II se fabricaron por segmentos porque un espejo monolítico de 10 metros habría sido inviable con la tecnología de los años 80.