
Una antena de 100 metros escondida en un valle para protegerse del ruido de radio.
El valle del Effelsberg no se eligió por su cielo, sino por su silencio: las laderas circundantes apantallan las emisiones de radio de la actividad humana en una de las regiones más densamente pobladas de Europa. La antena, de 100 metros y totalmente orientable, se sitúa en el fondo del valle como si fuera un cuenco dentro de otro cuenco.
Durante casi treinta años fue el mayor radiotelescopio orientable del planeta. Hoy sigue en primera línea gracias a receptores criogénicos que cubren desde 300 MHz hasta 96 GHz y a su papel como estación clave de dos grandes redes interferométricas: el European VLBI Network, que conecta radiotelescopios de toda Europa mediante fibra óptica, y el Event Horizon Telescope, cuya sincronización global permitió obtener en 2019 la primera imagen de un agujero negro.
Es visitable: un centro de visitantes al borde del valle ofrece charlas y una plataforma con vistas al plato en movimiento, uno de los espectáculos ingenieriles más impresionantes de la astronomía moderna.
El plato compensa su propia deformación por gravedad mediante un diseño homológico que mantiene siempre la forma parabólica.
Fue el mayor radiotelescopio orientable del mundo durante casi 30 años, hasta la inauguración del GBT en Virginia Occidental.
Forma parte del European VLBI Network, un interferómetro continental que enlaza radiotelescopios de toda Europa por fibra óptica.
Contribuyó a la primera imagen de un agujero negro publicada en 2019 como parte del Event Horizon Telescope.