
El buque insignia de la astronomía australiana durante cinco décadas.
El AAT nació de un acuerdo entre el Reino Unido y Australia para dar al hemisferio sur un telescopio de la categoría de los grandes del norte. Su espejo de 3,9 metros lo convirtió en su momento en el reflector más avanzado del sur, con una montura ecuatorial —clásica pero muy precisa— y una instrumentación intercambiable en tres focos distintos.
Su gran salto vino con 2dF, un instrumento que a finales de los 90 revolucionó la espectroscopía masiva de galaxias colocando 400 fibras robotizadas en las posiciones exactas de los objetivos en cada exposición. El resultado, el 2dF Galaxy Redshift Survey, midió el corrimiento al rojo de 220.000 galaxias y confirmó la estructura a gran escala del universo prevista por los modelos con materia oscura.